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¿Software Libre en la escuela? ¿Por qué?

11 Sep

Muchas, muchas veces me he encontrado en situación de explicar por qué usamos Software Libre en la escuela.
Administro una sala de informática en una escuela primaria. Maquinitas un poquito viejas, pero aún útiles. Podrían correr un Windows XP, y un Office 2003 sin mayores problemas. Desde las autoridades de la escuela, tengo vía libre para hacer lo que quiera. Calculo yo que esto es un poco porque confían en mi criterio y otro poco porque les da lo mismo. Creo que, con el paso del tiempo, hay cada vez más de lo primero, y menos de lo segundo.
Bueno, haciendo uso de esta “vía libre”, decidí, hace ya unos cuantos años usar Software Libre solamente. Y de vez en cuando me toca explicar “por qué no está PowerPoint”, “adónde (no) está la ‘e’ azul de Internet”, etc. Esas explicaciones se dan siempre en medio de las urgencias de un aula llena de pibes. Así que quise dejarlas por escrito acá. Otros lo han intentado, antes y mejor, pero prefiero expresarlo con mis propias palabras. Entonces, ¿por qué Software Libre en la escuela?

Razón 1 (superficial): la ley y la guita.
Esto es fácil de entender. Aunque en Argentina la probabilidad de tener consecuencias legales por usar copias no autorizadas de software es remotísima, no está bien, en mi opinión, que en la escuela se viole la ley. El costo de adquirir licencias de software privativo para la escuela es inalcanzable. Y aunque ese dinero estuviera disponible, es mucho mejor invertirlo en otras cosas.

Razón 2: Aprendizajes sin techos.
Si el software no es libre, y te cruzás con uno de esos chicos curiosos que quieren saber cómo funciona todo, le vas a tener que decir que “no se puede” investigar cómo funciona el programa que está usando. Es decir: un alumno quiere conocer algo, y el docente le dice que no se puede. En la escuela. Un contrasentido que, para mí, es imposible de soportar.
Con el software libre, el único límite son las ganas y la curiosidad de los chicos y sus docentes.

Razón 3: Adaptabilidad
¿Acaso hay algún docente que pida a principios de año un libro de texto, y que lo use así como está hasta diciembre, sin hacer ningún cambio a las actividades propuestas? Claro que no. (Parentesis: El libro de texto o “manual” me parece un contrasentido en pleno siglo XXI. Pero lo charlamos otro día. Fin del paréntesis.).
Se insiste mucho en que los docentes comiencen a usar recursos de software en sus clases. Está bien, es un primer paso. ¿Cuál es el escalón siguiente? Apropiarse del software. Modificarlo y adaptarlo, como hacen con cualquier otro recurso. Y compartir esas adaptaciones por si a otro le sirven.
Esto no implica que los docentes deban convertirse en programadores. (Aunque si a alguno le interesa, estaría bueno). Pero sí que tengan espíritu hacker. Deben saber que si en un programa hecho en España aparece la palabra “melocotón”, esto implica necesariamente que, en algún lugar del código fuente, va a decir “melocotón”. Y si recorremos el código y cambiamos cada “melocotón”, por un “durazno”, estaremos adaptando el programa para estudiantes argentinos. Que si el programa utiliza imágenes, muy probablemente haya una carpeta con imágenes, que podremos cambiar a nuestro gusto. No hace falta ser programador para esto.
¿Los docentes debemos convertirnos en usuarios de TIC? Sí, con urgencia. Pero solo como primer paso, y en carácter transitorio. Cuando un docente pudo por fin llegar a ser usuario, debe hacer todo lo posible para dejar de serlo. No queremos maestros que consuman software. Queremos que creen recursos (digitales o no) y los adapten críticamente a sus pibes. Y por qué no, que también los alumnos adapten el software a su gusto. No nos interesan los docentes que son “ejecutores” de procedimientos preestablecidos. La sociedad necesita, como decía Giroux, maestros que sean verdaderos “intelectuales transformativos”.

Razón 4: Valores
Las familias primero, las seños de jardín después, y todos los docentes, intentamos transmitirles valores a los chicos. Uno de ellos, es el valor de compartir. “Fulanito, compartí tus lápices, tu merienda y tus juegos con tu compañerito. Pero no compartas los programas, porque es ilegal”. El pibe no entiende nada, y tiene razón. El software privativo nos prohíbe la generosidad. En mi escuela, para eso no hay lugar.

Además, hay una cuestión más profunda respecto a esto. Si van a una reunión informal de la que participan odontólogos, difícilmente escuchen hablar de caries. Pero vayan a una cena en la que hay dos o más docentes. ¿De qué hablan? De la escuela. A los docentes nos gusta contar las experiencias didácticas que nos salen bien. Que todos se enteren, que las utilicen. Compartirlas. Es generosidad, o quizá vanidad, qué sé yo. Pero nos pone contentos saber que alguien escuchó que un recurso nos fue útil, lo adaptó a su grupo, y lo utilizó con éxito. Bueno, algo parecido existe en las comunidades del software libre: todos quieren que su trabajo, además de ser útil para ellos mismos, sea útil para los demás. Que lo mejoren, y adapten, lo reutilicen. Quizá en el Software Libre también haya vanidades dando vueltas, como en la docencia. No importa: lo relevante es que esa forma de construcción del conocimiento ayuda a que los saberes y prácticas generados sean mejores. Y no solo se logra un “producto” de mejor calidad: en el camino, se aprenden valores que sirven para la vida. Esos que los buenos docentes les transmiten a sus alumnos sin nombrarlos, sin proponérselo, y hasta a veces sin darse cuenta.

Por estas cuatro razones, en mi escuela solamente hay software libre. Sospecho que los chicos ya entendieron por qué, no he tenido quejas al respecto. A lo mejor, en muchos casos, no supe explicárselo bien a los adultos. Espero que estas ideas puedan ayudar.

 
9 comentarios

Publicado por en 11/09/2013 en Cultura Libre, Educación

 

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9 Respuestas a “¿Software Libre en la escuela? ¿Por qué?

  1. Hernan Echegoyemberry

    11/09/2013 at 17:14

    Sí al software libre, pero NO al “solamente” software libre.

    Comento a cada una de esas razones

    Razón 1: Me parece buena, no es superficial, porque la ley es importante y también el dinero si puede usarse en otras cosas.

    Razón 2: Es falsa, la pila de conocimientos para entender hacia abajo, no es accesible a nadie, si se quiere entender la física de los semiconductores hasta la tecnología del hardware y software algo quedará afuera, y esto va más allá de contar o no el código fuente, conviene entender que hay límites, tarde o temprano están, y sólo así se puede entender que puedan romperse, no sólo porque hay cosas que no tienen código fuente, sino porque aunque lo tuvieran no es posible acceder a todos los conocimientos necesarios, insisto que puede ser más importante aprender a aceptar los límites y construir a partir de ahí, aceptar los límites para ver qué se puede hacer con eso, la idea de que “todo puede entenderse” es falsa y perjudicial, y aunque suene paradójico es menos inspiradora que saber que hay cosas a las que no tenemos acceso, que es mucho más desafiante.

    Razón 3: Sí, estoy muy de acuerdo con esto.

    Razón 4: Aunque comparto el gusto por compartir (y también en que no importa las razones para hacerlo), creo que el tema así presentado es confuso y podría presentarse igualmente a la inversa, si pensáramos en el “solamente software libre” como obligatorio, alguien bien podría preguntar ¿Puedo elegir quién va a usar mi programa?, a lo que deberíamos responder – No, eso es ilegal, ya que una vez que liberaste el fuente no hay ningún reclamo posible sobre quién, cómo o para qué usa tu programa, con el software libre, tu libertad como programador termina donde empieza la del software, y eso no me pasa desapercibido.

    Mi opinión sería no abandonar la reflexión, el debate, y estar atento a no caer en lo totalitario (porque suele venir disfrazado de libertad), para el caso de un programador parte de su libertad es poder hacer con su programa lo que quiera, eso incluye no revelar su magia, creo que hay un derecho ahí.

    Te dejo mi post sobre este asunto, http://sourcenotas.blogspot.com.ar/2013/02/peaceful-general-public-license.html

    Saludos

     
    • Juan Marquez

      12/09/2013 at 0:25

      Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar. Respondo en lo que no estamos de acuerdo.

      Razón 2: Es obvio que el conocimiento tiene un límite. El ser humano no conoce completamente el funcionamiento del Universo. Probablemente lo que se ignora es mucho más de lo que se sabe. El problema que yo planteo es cuando al conocimiento se le pone un límite *artificial*, basado en una conveniencia comercial y no en una limitación intrínseca.

      Razón 4: A ver: el software no es sujeto de derecho. No puede nunca ser libre. En el Software Libre, el que es “libre” es el usuario. Nadie te quita el derecho de licenciar tu software como quieras. Pero nadie le quita el derecho a los usuarios de elegir no usar el software que no quieran usar.
      Si en el ámbito individual, en la casa de cada familia, se prohibiera usar algún tipo de software, estaría en contra. Pero una escuela no es una casa. Se usan dineros públicos, por lo que se debe adquirir lo que resulte más conveniente al bien común. Que el estado ponga condiciones para sus adquisiciones no es ninguna novedad: si se necesitan hojas tamaño oficio para Tribunales, las papeleras no pueden ampararse en “su derecho a vender A4”. Si quieren vender a Tribunales, que fabriquen Oficio. Y si no, que le vendan papel a otro.
      Las escuelas deben usar solamente software libre, por todo lo que expuse. El programador que quiera licenciar su software de otro modo, está en todo su derecho, pero que busque otros clientes.

      Una nota aparte para la frase “no revelar su magia”… llama mucho la atención. Entiendo que lo decís como metáfora. Pero, ¿dónde estaría nuestra sociedad si los científicos y tecnólogos de los últimos siglos hubieran ocultado sus avances con el mismo celo con el que los magos guardan sus secretos? Tendríamos que andar redescubriendo las leyes de Newton cada uno por nuestra cuenta, y al descubrirlas, guardarlas celosamente. No creo que me guste una sociedad así.

       
  2. Hernán Eche

    12/09/2013 at 11:39

    De nada, el post está bien explicado y me interesa este tema. Así que bienvenido el debate, porque no es un tema sencillo.

    Me gusta el software libre y a la vez no aceptaría que fuera obligatorio, porque lo que pasa a ser “obvio” suele dejar de admitir cuestionamientos y termina yendo en contra de la libertad, y creo que en eso estamos de acuerdo.
    Entiendo el punto de diferenciar limitaciones basadas en conveniencia comercial de limitaciones intrínsecas, pero ¿Podríamos decir que si alguien se niega a hacer algo eso es un límite artificial? Reflexionando el asunto vas a ver que esas conveniencias comerciales no son más que otras personas ejerciendo su libertad, y es ahí cuando es importante el respeto, aunque sea difícil, porque lo que parece ‘artificial’ no es más que ‘el otro’ decidiendo, equivocados o no, son individuos, y tratar de cruzar sus límites es lo invasivo, cada persona debería decidir qué límites pone, qué decisiones toma, y cuando, que no hay una opción que vale para todos, y si alguien no quiere publicar su código, eso no es artificial; algo similar pasa con la privacidad, me parece aceptable que alguien quiera publicar toda su vida y que otro no quiera publicar nada, pero no que alguna de esas cosas fuera obligatoria.

    Y vamos al ejemplo de un ámbito laboral, donde saber “quién decide sobre quién” es un tema que toma mucha relevancia, el trabajador de software de hoy que hace desarrollos está de alguna manera tácita obligado a entregar su de código fuente y eso que parece obvio hoy no fue siempre así, por más extraño que parezca hace unos años era común que el programador vendiera la aplicación como servicio sin el código fuente(*), su oficio se parecía más al de un artesano, de hecho muchas veces el empleador no sabía ni le importaba cómo lograba la funcionalidad, pero esto evidentemente no es escalable, y es un disparate desde el punto de vista de la empresa o incluso desde un punto de vista técnico, claro que es más que razonable evitar la dependencia con los programadores, bastaría pensar en qué pasa si la persona renuncia, dejaría “en banda” un proyecto, y claro que eso no luce bien, es obvio que lo comercial y técnicamente correcto es tener todo el código fuente modular e incluso bien documentado, de hecho todo lo técnico apunta a esta versatilidad modular de lo intercambiable, a lo extensible, etc.. Pero lo que es correcto desde un punto de vista de ingeniería puede no serlo desde un punto de vista humano, y la cultura puede enseñarnos qué es mejor, pero no debería obligarnos a eso, porque cuando se beneficia el sistema o la sociedad ese beneficio es producido por individuos, y esa decisión debe ser tomada por cada uno de ellos, no creo que pueda servir un beneficio económico, técnico o social si es a expensas de obligar a los participantes, hay una idea ilusoria de un trabajador reemplazable como si fuera una máquina y eso no puede parecerme agradable, porque deja a las personas en una posición utilitaria, y si bien eso puede ser voluntario, me parece ok si alguien quiere entregarse a una empresa o a una causa, pero esa decisión debería ser tomada por esa persona y no por el sistema, el software libre permite interacciones impensadas y desarrollos geniales, eso es alentador y tentador, pero cada persona tiene particularidades irremplazables, y el lugar a la opción debe estar claro.
    Entiendo que en un ámbito público se pueda propiciar el uso de software libre, y ni hablar de los formatos, sin por eso dejar de confiar en las personas, que puedan tomar la decisión que les parezca.

    Creo que nos entendimos en los puntos generales, leí que también estás de acuerdo con que esto no sea algo obligatorio, extendí la explicación para que otros también puedan ver este punto de vista, y agregar detalles al tema.

    (*) Cabe preguntarse por qué hoy en día ese lugar de “secretos” quedó reservado a los grandes gobiernos y empresas multinacionales, ese derecho entregado por el individuo pasa hoy a las empresas, en este caso es claro el pasaje porque es un derecho que antes tenía el programador de antaño, las grandes empresas hoy pueden ofrecer servicios sin dar acceso al código fuente, al trabajador eso se le hace más difícil (sobretodo si está ‘entrenado’ a que ‘todo debe ser publicado’ eso es ‘bueno’) Incluso, estos servicios que venden hacen uso de soft libre!, basta citar el ejemplo de Ubuntu, que es una empresa que haciendo uso de marketing llegó a ser la distribución más conocida de linux, haciendo uso de todo el trabajo de Debian, instalando un “zeitgeist-daemon” que registra toda la actividad del usuario y un Unity que mantiene comunicado a sus servidores privados. Es algo de lo que se debería hablar.

     
  3. argenclic

    12/09/2013 at 13:50

    Estimado Hernán: desde una lectura superficial de tus comentarios, me atrevo a señalarte un par de cosas. En primer lugar, y con respecto al punto 2 (el techo “artificial”), puede ser válida tu premisa a título individual, pero claramente deja de serlo si se considera a nivel colectivo/social. Está claro que la propiedad intelectual es un modo posmoderno de subordinación del sur al norte (y si no está claro, bueno sería que el debate se expanda), y que las licencias de software juegan un papel importante en este sentido (según los datos del Banco Mundial – http://datos.bancomundial.org/indicador/BM.GSR.ROYL.CD – nuestro país recibe menos del 10 % de lo que paga en este rubro, y se repite en la mayoría de los países de nuestro continente, a favor de los imperios actuales). La existencia de un fenómeno social como el movimiento del software libre, permite que países como Uruguay, Venezuela, Brasil o Argentina desarrollen o aprovechen el software que necesitan para proyectos soberanos sin transferir sumas enormes a los que ostentan la mayor parte de las patentes, licencias y derechos del planeta (que vale la pena indagar sobre cómo las adquirieron), y que puedan desarrollar conocimiento local sin techo, si así lo desean. Bajo las restricciones de las licencias privativas del software, esto resulta imposible (Canaima y Huayra no podrían existir, y Ceibal costaría más del triple).
    Cabe destacar que entender la “obligatoriedad” del software libre en ámbitos públicos como una restricción es en sí una falacia, ya que nada impide a Microsoft, Adobe, Apple o a cualquier multinacional cambiar la licencia de sus productos (o desarrollar nuevos con licencias libres) si desean que se utilicen en ámbitos públicos. Por el contrario, esta obligatoriedad significa reglas de juego que den a todos las mismas posibilidades, restringiendo condiciones abusivas que imponen los poderosos a los ciudadanos comunes. Las reglas del juego en el ámbito público siempre fueron diferentes a las del sector privado (en la salud, la educación o el uso de un territorio) y, pese a los grandes avances en la privatización y monopolización de lo público que realizó el neoliberalismo, todavía persisten como diferentes.
    Un saludo cordial.

     
    • Juan Marquez

      12/09/2013 at 19:20

      Gracias Hernán y Argenclic por tomarse el tiempo para comentar por acá. Interesante el debate.

       
  4. JPatagonico

    12/09/2013 at 21:50

    No estoy de acuerdo con los comentarios de Hernán Eche. Invito a leer a Richard Stallman sobre el Software Libre y su fundamentación teórica sobre las cuatro libertades.
    Debemos pensar en comunidad, se trata de entender ciertos mecanismos que solo se aprecian cuando se deja de pensar como una corporación.
    Cabe hacerte una aclaración, Ubuntu utiliza software libre, pero no es una distribución libre y me refiero a ser aceptada por la FSF.
    Insisto en lo siguiente, el crecimiento en el conocimiento se dá por medio de la espiral de conocimiento, de modo que el conocimiento no puede ser restrictivo. El manifiesto del software libre puede ser llevado a otras actividades humanas y estoy convencido que mejoraría muchos rasgos de la sociedad.
    Me agrada que haya debates sobre esto, actualmente es debate es menor ya que queda claro que hay más beneficios en el software libre que contras. Saludos cordiales.

     

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