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La Universidad como rito iniciático

13 Jul

Empecé a cursar Ingeniería en Sistemas en 2002, con 20 años, y me recibí ayer, con 30. Dediqué diez años de mi vida a la facultad (entre otras cosas, claro está), y, de a ratos, siento que me arrepiento.
Nadie debe pensar que desdeño los saberes que adquirí en este tiempo, que han sido muchos y buenos. Ya sé que suena pedante decirlo, pero tengo una relación un poco hedonista con el conocimiento. Es así. Leo, aprendo y estudio porque me gusta; no se me ocurre otro motivo válido. Pocas cosas en la vida me provocan una satisfacción similar a la que experimento cuando aprendo algo nuevo. Ese momento en el que algo que parecía oscuro y entreverado, se convierte en una idea clara y distinta, como diría el finado Descartes. Y, afortunadamente, me ha sido dado vivir ese momento muchas veces en esta última década.
Lo que trato de decir es que, en esa experiencia de aprendizaje, la estructura de la universidad es, me parece a mí, absolutamente prescindible. Es más bien una dilación antes que un facilitador en todo este asunto de aprender. Me encontré diciendo una frase parecida a esta:

“Pasé los últimos 10 años estudiando Ingeniería en Sistemas. Sin embargo, pude aprender algo de informática en mis ratos libres.”

Esto último no es estrictamente cierto. Hay muchos asuntos en los que hubiera permanecido ignorante, de no ser por mi paso por las aulas.
Pero hubo mucho, demasiado tiempo y esfuerzo invertido en superar dificultades que no son las que están ligadas intrínsecamente al conocimiento, sino otras que están más relacionadas a la estructura de la Universidad tal como la conocemos. Y no vengo a plantear aquí errores en la implementación concreta de la carrera que estudié (docentes que no hacen bien su trabajo, infraestructura insuficiente, etc). Más bien pretendo poner el acento sobre un problema más profundo. Comparemos a la facultad con una obra de teatro: aún si todos los actores del quehacer universitario hubieran interpretado su papel con un 100% de eficacia, el malestar permanecería, porque, me parece, el problema está en el guión, no solamente en los actores.
A buen monte van por leña si pretenden que proponga desde este espacio una reforma estructural para la Universidad argentina. Ni siquiera alcanzo a vislumbrarla.
Pero me interesa llamar la atención sobre el doble objetivo que tiene un estudiante al iniciar una carrera:
* adquirir un conjunto de saberes y destrezas.
* obtener un reconocimiento social inapelable de idoneidad en una materia.
Ninguno de los dos objetivos es condenable, pero entiendo que estamos ante un problema importante cuando el segundo tiene una preponderancia muy superior al primero. En el caso de muchos compañeros con los que pude conversar, el único interés es el de acceder a un diploma, a como diera lugar. (No elegir al mejor docente, sino al que menos exige; no elegir la materia electiva que más les interesa, sino la más fácil de aprobar, etc, etc, etc). Creo que no es mi caso, y de ahí este malestar que experimento, cuando veo que la Universidad se ha convertido, antes que en un ámbito de aprendizaje, en un espacio que sirve únicamente para la obtención de unas credenciales que gozan de reconocimiento social.
Entonces se deja un poco de lado la preocupación por aprender mucho y bien los contenidos de una disciplina; y uno se va volviendo un experto en el oficio de ser alumno: cómo adquirir unas habilidades que nos permitan estudiar lo mínimo indispensable para no reprobar el examen. Ante mi deseo de profundizar en un tema, muchas veces he recibido el consejo de “no complicarme la vida”, total “para el examen eso no es útil”.
No he sido un alumno ejemplar: siempre con pocas luces y poco tiempo (trabajé toda mi carrera y formé mi familia siendo estudiante), muchas veces me encontré adiestrándome en el “oficio de alumno”, antes que en la ciencia que elegí estudiar. Y las veces en que no fue así, hubo algo, que de algún modo está presente en la estructura de la Universidad, que me hizo sentir que ese deseo de ahondar en el conocimiento era una distracción en mi objetivo de recibirme de ingeniero, cuando en realidad se trataba del verdadero objetivo: aprender.
Por eso se me ocurrió la comparación que da título a estas líneas. No sé nada de antropología, así que la descripción que sigue está simplificada al extremo.
Los pueblos mal llamados “primitivos” suelen tener una serie de ritos iniciáticos, que es necesario superar, para pasar de un grupo social a otro (de niño a adulto, de “plebe” a clase dominante, de soldado a capitán, etc). Nuestra propia cultura los tiene, piensen en los cumpleaños de 15, por ejemplo. Estos ritos, frecuentemente son arbitrarios, o absurdamente crueles, o demandan un esfuerzo sobrehumano para ser superados.
Siendo un asalariado, me es conveniente jerarquizar la fuerza de trabajo que me veo obligado a vender, para poder ponerle un precio mayor. Y muchas veces he sentido que mi paso por la Universidad se trató de un rito iniciático que esta sociedad del siglo XXI me impuso para poder pasar a ese otro estamento, el de los que pueden vender más caro su mercancía.
El problema de las iniciaciones es que, me parece, generan en quienes han podido superarlas un falso sentimiento de superioridad, de desprecio hacia quienes no pudieron o no quisieron someterse a los rigores de un rito. Piensen si no en cuántos profesionales universitarios se encuentran absolutamente convencidos de que tienen más derecho que el resto de sus conciudadanos para tal o cual cosa. No viven su profesión como la posibilidad de servir de mejor manera al resto de la sociedad, sino como un derecho a que todo el resto del universo se convierta en su sirviente. Y, lamentablemente, es entendible que piensen así: ellos han superado el rito iniciático; están en “otro escalón”, lo merecen, es su derecho.
Yo mismo me veo, a veces, envuelto en pensamientos de este tipo, aunque trato de ser conciente de que es exactamente al revés. Estudié en la Universidad Pública, que en Argentina es gratuita. Gratuita para el estudiante, claro. Es el pueblo en su conjunto el que costea nuestras carreras. Y el profesional universitario, lejos de ganar derechos con su diploma, lo que adquiere es una obligación moral. No es acreedor de nadie, es deudor del pueblo al que pertenece, que financió sus estudios para que toda la sociedad se vea beneficiada con los saberes que adquirió.
Estoy muy agradecido por haber tenido la posibilidad de estudiar. En primer lugar, a mi familia (mis padres y hermanos primero, y mi esposa después; y también abuelos, tíos, primos, etc.), y a todos los que me ayudaron en forma personal durante todos estos años. Estoy muy contento y orgulloso de que en mi país, una persona como yo, que soy un asalariado, pueda recibirse de ingeniero en la Universidad Pública, Libre y Gratuita. Pero tenía entreverado un sabor agridulce, un sentimiento que no alcanzo a explicar completamente.
No puedo expresar claramente en palabras lo que siento, espero que esta comparación haya servido para poner mis ideas un poco más en claro, al menos para mí mismo y para quien haya tenido la delicadeza de seguir leyendo hasta acá. Mientras la Universidad, orgullosamente pública y gratuita, siga tomando la forma de rito iniciático, poca probabilidad hay de que los graduados jueguen el rol social que de ellos se espera.
En todo caso, lo dejo para que lo analicen los antropólogos. Aunque claro, los antropólogos también fueron a la facultad.

 
12 comentarios

Publicado por en 13/07/2012 en Educación, Personal

 

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12 Respuestas a “La Universidad como rito iniciático

  1. Guillermo Bordachar

    14/07/2012 at 23:08

    Bueno ingeniero Marquez……
    No sera mucho para tu cabeza, la obra a pleno en tu casa y el nuevo integrante de tu familia y ensima te das el lujo de escribir un reflexion como esta. Sos un grande yo soy parte de la sociedad que pago tu carrera asi que cuando puedas venite a casa que tengo la notebook que no va ni para atras ni para adelante

     
    • Juan Marquez

      15/07/2012 at 10:11

      Mientras sea para instalar algún Linux, no tengo drama.🙂 Y si no, aunque sea para tomar unos mates.

       
  2. Pablo

    17/07/2012 at 0:08

    Muy bueno e interesante!!

    Son cosas que muchas veces uno no tiene tiempo para sentarse a pensar mientrás está estudiando o viviendo ya que otras mil cosas “son más útiles para desperdiciar pensando”.

    Personalmente a veces he intentando disminuir esa diferencia entre estudiar para aprender, y estudiar para aprobar, por ejemplo discutiendo con algunos docentes. Pero quizá así estoy yendo en contra de los intereses por los cuales la universidad fue creada.

     
    • Juan Marquez

      17/07/2012 at 9:10

      Gracias por el comentario. Qué contrasentido que los estudiantes universitarios no tengan tiempo para pensar… ni si quiera para pensar su propia educación. Saludos.

       
      • celeste

        18/07/2012 at 12:23

        Tal cual: “los estudiantes no tienen tiempo para pensar”…Creo que la Universidad es Pública y Gratuita, pero lejos está de ser Libre..
        Me gustó tu reflexión. La leí porque Lea Pala la mandó a CECEIA. Espero que sigas participando en la universidad (a todos los que quieran) para dar la lucha por un nuevo Plan de Estudio justo.
        Saludos!
        Celeste

         
        • Juan Marquez

          18/07/2012 at 16:08

          Qué interesante lo que decís. Uno repite esos tres adjetivos casi de memoria, pero hay que ponerse a pensar cada uno. Sigamos defendiendo el carácter público y gratuito de nuestra universidad, y sigamos luchando para que algún día llegue a ser libre.
          Qué loco esto de Internet: no sé quién es Lea Pala, y tampoco estudié en la UNR. Pero igual me alegro de que hayan servido de intermediarios para este contacto.
          Gracias por haberte tomado el tiempo de leer y comentar.

           
  3. justin7

    17/07/2012 at 16:54

    Me gusto mucho tu reflexion, me quedo con una frase que me dijeron, que a mi parecer es muy acertada. EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO PRIMERO SE APRUEBA, Y DESPUES SE APRENDE. Vamos por el camino equivocado. Saludos

     
    • Juan Marquez

      17/07/2012 at 17:23

      Habría que preguntarse qué sentido tiene eso… ¿Para qué queremos aprobar si no aprendemos? Gracias por tu comentario.

       
  4. Clarisa

    17/07/2012 at 22:57

    Buenas. Es la primera vez que paso por aquí. Ha sido un gusto, ya que has motivado una reflexión en mí, y comparto muchos de los pensamientos que plasmaste en el artículo, sobre todo cuando expresás que hoy en día la fórmula se trata básicamente de aprobar, desdeñando en profundizar sobre tantas temáticas a las cuales se les puede seguir extrayendo cantidad infinitesimal de contenidos; es decir la responsabilidad también pasa por el lado de los estudiantes, no sólo reclamando más de parte de los profesores y de la universidad, sino exigiéndonos a nosotros mismos porque en definitiva somos los constructores así como los delimitantes de nuestra formación. Pero sí, qué macana es también comprobar que por el hecho de contar con cierto título, y dosis elevadas de soberbia algunos o muchos también así ponen límites al aprender, creyendo erróneamente que su saber es más valedero que el de otros e impidiendo al mismo tiempo…

     
  5. Clarisa

    17/07/2012 at 23:11

    … contagiarse de otros conocimientos, o incluso transmitir los suyos en carácter de la grata experiencia que involucra uniendo a las personas cuando comparten, en lugar de la arrogancia.
    Es unas sensación muy agradable saber que existen personas que comparten ese placer por el conocimiento, del saber por el saber mismo, por alimentar nuestra curiosidad e instalarnos nuevas dudas para seguir caminando cada vez más. También tal vez lo sea más aún que existen personas que valoren que “dar implica hacer de la otra persona un dador” como decía Erich Fromm.

    Con su permiso, me quedo leyendo.

    Un abrazo.

     
    • Juan Marquez

      18/07/2012 at 8:32

      Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar, muy interesante lo que expresás. Acuerdo con todo, particularmente con la importancia de construir, o al menos compartir socialmente los conocimientos que se dan en la Universidad.
      Un abrazo.

       
  6. Sergio Lima

    22/06/2014 at 23:37

    Muy interesante reflexión…Te cuento mi experiencia en ingeniería, fué pésima, aprobé el curso de ingreso, entré con mucho entusiasmo…que fué mermando a medida que veía y sufría por todo lo que estaba pasando…ya de entrada provenir de una familia de bajos recursos, no tenía guita para el cole, me iba en bici, me querían afanar en el transcurso del recorrido, en la facu había paro, muchos docentes daban clases y creo que ni siquiera sabían que estaban enseñando o al menos jamás recibí una explicación satisfactoria que me hiciera saber que ese conocimiento podía aplicarlo para algo…otra cosa que noté es cuando lograba regularizar para ir a rendir el final, el nivel era exageradamente superior a lo que se había dado en clase…imaginate mi bronca…haber estado inmersa en ese establecimiento como 5 horas esperando una calificación y encima no haber aprobado…Otra cosa que me sorprendió es que había trabajos prácticos para entregar y se hacían en compu, yo no tenía una en esa época, en aquel momento los laboratorios estaban casi siempre cerrados o los usaban para dar cursos pagos…que siguen siendo costosísimos…Encontrar trabajo es lo que necesito me dije, ya que la beca no la voy a poder obtener debido a que me costaba mucho estudiar para sacarme 10’s, me llevó varios años encontrar trabajo…todos pedían experiencia y conocimientos¿”como los voy a adquirir si recién salgo de la secundaria”?…Todos fueron trabajos esclavizantes y estresantes, atención al cliente, limpieza, etc…Ya habían pasado varios años y aún no había aprobado el primer año…Qué hice? Mandé todo a donde debía…Sigo trabajando de esclavo, sufriendo por lo que no pude y por lo que ví, por lo que veo…Una sociedad injusta, brutal, discriminadora…donde si no hacés lo mismo que hacen todos sos un marginal…Ok! lo acepto Soy marginal…es lo único que me llevo conmigo…no ser como todos…Cuando me encuentro con los que fueron mis compañeros y que se recibieron, me encuentro con personas muy trastornadas, que se separaron, tuvieron hijos, tienen amantes, perdieron el pelo, y tantos dramas que son insoportables…Me digo quizá como consuelo que la ignorancia no es buena…pero como te machaca la conciencia conocer, saber…el ser conciente te cambia. El querer ser y no ponerse etiquetas también!
    Lo único que saco como conclusión es que este sistema es un desastre, muy corrupto, donde de a poco la libertad se está perdiendo, te lavan los sesos para que seas un producto, se destruye y se viola todo y a todos, el respeto es mala palabra. Solo veo que hay que cambiar el sistema cuanto antes, de lo contrario estamos condenados al fracaso….

     

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