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¿Qué hacemos si River desciende?

24 Jun

Hace exactamente un año y un mes que vengo postergando este artículo.
Era 23 de mayo del año pasado, y yo, prudentemente oculto donde nadie me viera, estaba llorando como un chico. Central había perdido con All Boys, dando lástima, y se había ido a la “B”. Solamente había llorado de ese modo ante el fallecimiento de un ser querido. Uno aprende a vivir con el dolor que causa la ausencia de quienes queremos, pero ese dolor no se va nunca. En cambio, la tristeza por el fútbol me duró un rato, digamos un par de horas. Después se me pasó.
¿Por qué? Bueno, sencillamente porque no estoy loco. El fútbol es el juego más maravilloso que el ser humano haya inventado, y nos provoca emociones violentas. Pero, pasada esa emoción, uno se da cuenta de que no es más que eso: un juego. Que hay un límite preciso entre el juego y la realidad, y que uno puede cruzar esa frontera cuantas veces quiera, pero siempre sabiendo de qué lado está. Cuando ese límite se vuelve borroso, hay que buscar ayuda terapéutica.
Por favor extrapolen, y piensen qué absurdo sería si sucediera lo mismo con otros juegos. Si un ajedrecista que pierde una partida, se sintiera igual que un estratega militar bajo cuya responsabilidad miles de soldados han sido masacrados.
Hace unos días, escuché sin querer una conversación. Una mujer le preguntaba a su hijo: “¿Terroristas y policías que se agarran a tiros? ¿Qué tiene eso de divertido?”. A lo que el hijo le contestó, con irreverente genialidad: “Mamá, es un juego. No se muere nadie”. (Se referían a un conocido videojuego, quizá el género artístico más despreciado de todos. Pero sobre eso escribo otro día).Rosario Central
Cuando descendió Central, me resultó inevitable pensar en mi abuelo, ya fallecido. No tenía muchos temas de conversación con él, Central era casi lo único. Recordé las tardes de mi infancia pasadas en la Ciudad Deportiva. Me imagino que se habría puesto muy triste por ver a Central en la “B”. Pero mi abuelo no estaba loco, al otro día se habría levantado para salir a trabajar, como toda su vida. Y yo tampoco estoy loco. Esos jugadores y esos dirigentes que llevaron a Central a descender, no ultrajaron la memoria de mis ancestros. Tampoco deshonraron a ese genial artista que fue Roberto Fontanarrosa. No. Nomás jugaron mal a la pelota. Muy mal. Me da mucha bronca, pero dentro de los límites del fútbol.
No quiero aburrir con los ejemplos, todos vimos la invasión en Belgrano-River, y el escándalo en la final de la Libertadores. Y la lista sigue, y no debería sorprendernos. Porque esos actos de violencia son perfectamente coherentes, cuando uno está convencido de que el fútbol es una cuestión existencial, que la gloria de ganar la Libertadores o la tragedia del descenso son situaciones realmente gloriosas o trágicas.
Lo que me pregunto es qué nos pasó para llegar a esto. A modo de ideas sueltas, creo que hay actitudes que deberían revisarse:

  • personas que, cuando saludan a un pibe, lo primero que le preguntan es “¿de qué cuadro sos?”.
  • personas cuyo único tema de conversación es el futbolístico, o mejor dicho, el “hinchadístico”.
  • periodistas que dedican mucho más tiempo a hablar del “folclore del fútbol”, que a analizar los riquísimos detalles que tiene este juego.
  • exjugadores que dicen que si su equipo desciende, se van del país.
  • camarógrafos que enfocan a hinchas que lloran desconsoladamente en una tribuna.
  • relatores que gritan un gol cuarenta segundos seguidos.
  • comentaristas que usan adjetivos como “dramático”, “trágico”, “fatal”, etc.
  • noticieros en los que el 70% del tiempo se está hablando de fútbol.
  • etcétera.

Y me permito deslizar una propuesta: No resignemos el fútbol. Pero ignoremos, aunque sea por un tiempo, esa irracionalidad que lo rodea. Hablemos del juego. Que la tele pase repeticiones de las jugadas, y nos haga notar cómo se reorganiza la defensa cuando el número 3 se proyecta, cómo hace un delantero para burlar a una defensa que juega al achique, etc. Más cámaras enfocando la cancha, y menos las tribunas. A lo mejor, algún día, llegamos a convertirnos en una sociedad con un mínimo de cordura. Claro, es más fácil ponerle un micrófono a un tipo cualquiera que está entrando a la cancha, que contratar a un periodista que pueda hacer análisis de este tipo.
Ayer escuchaba por la radio a Sietecase, que relataba que en el momento en que Central descendió, su hijo le preguntó: “¿Y ahora qué hacemos?”, a lo que él respondió: “Nada, vendremos a verlo los sábados”.
Parece una perogrullada, pero por favor, alguien que les avise a los hinchas de River que, si el domingo se van a la “B”, no pasa nada. Así de simple. La vida sigue, igual de maravillosa o igual de miserable que era hasta el sábado.
Y para terminar, me repito una vez más. Me encanta el fútbol, y no hay nada que me emocione tanto. Pero tengo mil motivos para ser feliz o desdichado, antes que Central. El que no pueda decir lo mismo, que busque urgente un psicólogo.

 
8 comentarios

Publicado por en 24/06/2011 en Personal, política

 

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8 Respuestas a “¿Qué hacemos si River desciende?

  1. Cristian Croce

    24/06/2011 at 21:32

    excelente, comparto todo lo que decis……….saludos

     
  2. Nelson

    24/06/2011 at 22:28

    Agarrate Catalina, “La Violencia”

     
    • Juan Marquez

      24/06/2011 at 23:09

      Es genial ese cuplé, de lo mejor que he escuchado.
      Igualmente no me refería a aquellas personas a quienes este sistema injusto maltrata desde hace generaciones. Me refiero a otros, que, habiendo nacido en una posición social no tan perjudicial, reproducen en su propia vida el discurso patológico de que “el fútbol lo es todo”.
      Saludos y gracias por comentar.

       
  3. Mariano Montenegro

    26/06/2011 at 19:09

    Es muy interesante todo el aporte que hacés, Juan. Comparto, en su mayoría, aunque temo que parte de la “irracionalidad” que rodea al fútbol también es la que le aporta esa misteriosa magia que lo vuelve único. Alcanza con ver el gol de Maradona si la épica del relato de Victor Hugo para comprender que el delirio que lo contextualiza, es también medular en la magia que le atribuímos. Abrazo.

     
    • Juan Marquez

      26/06/2011 at 21:49

      Coincido. Lo que planteo es que el problema empieza cuando te emociona más Víctor Hugo que Maradona.
      Gracias por comentar.

       
  4. daniel

    24/11/2011 at 2:48

    Excelente articulo, soy gallina estuve con belgrano, me queria tirar de la san martin para abajo, no podiamos entender como se pudo hacer las cosas tan mal tanto tiempo para estar en esa situacion, hasta que uno reacciona y se da cuanta que no es el fin de nada, la vida sigue, hay cosas mas importantes y de nuestro lugar aportamos todo lo que `podemos en la tribuna, el resto le queda a ellos, incidentes , locura , gases, “gente” ( estupidos ) rompiendo nuestra cancha, es muy dificil cambiar a la gente cuando todo pasa a ser normal, putear al tecnico, ,jugadores, escupir al rival al patear un corner, ya no nos sorprende nada porque aca vale todo, y asi estamos saludos.

     

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